Bebé tumbado en una cama sujetando su chupete con luz suave – a qué edad dar el chupete al bebé

Chupete: ¿a qué edad dárselo al bebé (y hasta cuándo)?

En el paritorio, una mamá primeriza mira a su bebé de dos días quedarse dormido sobre su pecho, diminuto, y hace en voz baja la pregunta que tantos padres se hacen antes que ella: «¿Puedo darle el chupete, así, ahora mismo?». La matrona sonríe, porque la escucha diez veces por semana. La verdad es que no hay una respuesta de una sola palabra. El chupete, igual que el sujetachupetes que lo acompaña, tiene su momento para entrar en la vida del bebé… y su momento para marcharse.

Vamos por partes, sin dogmas y sin culpa: a qué edad ofrecer el chupete, cuándo el sujetachupetes empieza a ser de verdad útil, qué dicen las normas de seguridad y hasta cuándo puede quedarse todo este pequeño mundo.

¿Desde el nacimiento o mejor esperar un poco?

Depende, en primer lugar, de cómo se alimente el bebé. Si das el pecho, la recomendación más extendida es esperar a que la lactancia esté bien instaurada antes de introducir el chupete, a menudo alrededor de las tres o cuatro semanas. La razón es sencilla: mamar del pecho y succionar un chupete no exigen exactamente el mismo movimiento de boca, y ofrecer ambos demasiado pronto puede, en algunos bebés, confundir las señales mientras la lactancia encuentra su ritmo. Nada rígido, pero es preferible dejar que las tomas se asienten primero.

Si el bebé toma biberón, esta precaución no se aplica del mismo modo, y el chupete puede ofrecerse antes si la necesidad de succión se hace notar. Porque de eso se trata en realidad: succionar no es solo cuestión de hambre. Es un reflejo maravilloso de calma, una manera que tiene un pequeñín de tranquilizarse, de relajarse, a veces de conciliar el sueño. Algunos bebés lo necesitan muchísimo, otros apenas nada… y las dos cosas son perfectamente normales.

Así que no, no hay ninguna prisa por sacar el chupete el primer día en el hospital. Pero tampoco hay ningún reproche si lo haces. Observa a tu bebé: es él, en el fondo, quien te dirá si lo quiere o no.

El sujetachupetes: el pequeño accesorio que cambia las salidas

El chupete es una cosa. El sujetachupetes es otra bien distinta, y entra en escena un poco más tarde, normalmente en cuanto el bebé empieza a moverse, a agarrar, y sobre todo con las primeras salidas de verdad. Porque un chupete se cae. Se cae debajo de la mesa de la cafetería, se cae entre las juntas del suelo, se cae, cómo no, en el pasillo del supermercado justo cuando tienes las dos manos ocupadas. A la décima vez, se entiende la utilidad de ese pequeño clip que lo sujeta a la ropa.

En la práctica, el sujetachupetes resulta útil desde las primeras semanas de paseos y trayectos en carrito: mantiene el chupete limpio y a mano, evita las rabietas cuando rueda bajo el cochecito y te ahorra llevar tres chupetes de repuesto en la bolsa del pañal. Para empezar, un sujetachupetes pensado para las primeras salidas es más que suficiente: ligero, fácil de enganchar y agradable de morder cuando empiezan a asomar los dientes.

En cuanto al material, es realmente cuestión de gustos y de uso. La silicona se aclara en dos segundos y aguanta los primeros dientes que empujan; la tela, más suave, enamora por su lado acogedor. Si dudas, hemos comparado ambos en detalle en nuestro artículo sobre silicona o tela: qué material elegir, para que decidas con tranquilidad según tu día a día.

Seguridad: las pocas reglas que de verdad cuentan

En este tema no se bromea, y con razón. Un sujetachupetes se elige, ante todo, por su seguridad. En Europa cumple la norma UNE-EN 12586, la que regula específicamente los sujetachupetes. Lo más importante que hay que recordar: una vez retirados el clip y el chupete, el sujetador no debe superar los 220 mm de longitud (y 110 mm si forma un lazo). Ese límite no está ahí por casualidad: garantiza que el cordón quede demasiado corto para enrollarse peligrosamente alrededor del cuello del bebé.

A partir de ahí, unos cuantos gestos sencillos hacen todo el trabajo: se engancha a la ropa, a un body o a una chaquetita, nunca alrededor del cuello ni atado a un cordón. Se retira siempre para la siesta, para la noche y para cualquier momento en que el bebé duerma o quede sin vigilancia: un sujetachupetes acompaña a un bebé despierto, no tiene sitio en la cuna. Y conviene echar un vistazo regular a su estado —perlas, clip, cintas— para comprobar que nada se suelta ni se estropea con el tiempo y los lavados.

Una palabra sobre la limpieza, ya que estamos, porque un chupete que anda todo el día de aquí para allá pasa por de todo: un mantenimiento regular alarga la vida del accesorio y protege al bebé de los microbios. Te hemos preparado una guía completa para limpiarlo y cuidarlo sin estropearlo.

El gran uso… y luego la calma natural

En los primerísimos meses, la necesidad de succión suele estar en su punto más alto. Es la época en que el chupete es más valioso, el que salva más de un final de día difícil y más de una noche que se resiste a arrancar. Después, por lo general entre los cuatro y los ocho meses, algo cambia con suavidad: la necesidad de succionar para consolarse empieza a disminuir por sí sola. El bebé descubre sus manos, los juguetes, el mundo que lo rodea, y encuentra otras formas de calmarse.

No es una señal para dejarlo todo de la noche a la mañana —cada niño avanza a su ritmo—. Pero conviene saberlo: esa calma natural, cuando llega, es una pequeña ventana muy práctica para, más adelante, empezar a espaciar los momentos con el chupete sin que sea un drama.

¿Hasta cuándo? El momento de dejarlo, con suavidad

Es la pregunta que siempre vuelve, a menudo teñida de cierta inquietud: «y ahora, ¿cómo se lo quitamos?». Las referencias coinciden bastante en una horquilla: se aconseja, por lo general, pasar página con el chupete entre los dos y los tres años, y evitar prolongarlo más allá.

¿Por qué ese límite? Por dos motivos principalmente. El primero es bucodental: un uso muy prolongado puede influir en la posición de los dientes, en la forma del paladar y en el crecimiento de las mandíbulas. El segundo tiene que ver con el lenguaje: hacia los dos o tres años, el niño se lanza a las palabras y a las frases, y un chupete demasiado a menudo en la boca puede frenar un poco ese hermoso despegue. Nada dramático si se acompaña el destete a tiempo.

Y la suavidad, en todo esto, sigue siendo la mejor aliada. Se evitan los cortes bruscos y los grandes discursos. Se limita el chupete primero a casa, luego a la cama, luego a los momentos realmente difíciles. Se valora al niño que crece, se inventa una pequeña historia sobre la «marcha» del chupete, se sustituye el consuelo por un abrazo, un peluche, un ritual antes de dormir. La idea no es ganar una batalla, sino acompañar un paso más hacia la autonomía.

Un sujetachupetes con su nombre, ya puestos

Como este accesorio va a acompañar al bebé a todas partes durante muchos meses, mejor que sea de verdad suyo. En Babanono, la personalización se hace con el nombre, compuesto letra a letra con perlas de silicona del abecedario sobre el sujetador. Es bonito, es único y —una ventaja muy concreta— evita los intercambios desafortunados en la guardería o entre primos el día de un cumpleaños: cuando el nombre está escrito ahí, no hay duda sobre de quién es.

Es además, muchas veces, el primer objeto «suyo» que se prepara con emoción incluso antes de nacer. Un detalle, quizá. Pero un detalle que cuenta, cuando llevas meses repitiendo ese nombre y por fin lo ves lucir en el primer sujetachupetes del bebé.

En resumen

No existe una edad única y mágica. Se ofrece el chupete cuando el bebé lo necesita —tras unas semanas si das el pecho—, se añade el sujetachupetes en cuanto empiezan las salidas, se cuida la seguridad con accesorios que cumplen la norma y un uso reservado a los momentos de vigilia, y se pasa página con suavidad entre los dos y los tres años. El resto te lo susurrará tu bebé. Es, al fin y al cabo, la mejor guía que existe.

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